
Casi destruye a Atari.
Con el único objetivo de obtener más ganancias de marketing por el éxito en taquilla que tuvo la película, se puso en marcha el juego de E.T.
Era julio de 1982 y Atari, una de las empresas de tecnología más exitosas, acababa de pagar unos US$21 millones por los derechos para el videojuego de la nueva película de Spielberg. Howard Scott Warshaw fue el programador sobre quien recayó la tarea de diseñar el juego.
Warshaw tuvo tan sólo cinco semanas para realizar el trabajo que suele tomar seis meses. La presión de tener una fecha tan corta era poder aprovechar las fiestas navideñas. El joven programador logró el encargo, pero naturalmente tuvo una calidad muy por debajo de lo esperado.
Atari ordenó un pedido inicial de cuatro millones de copias y presupuestó US$5 millones para lo que entonces sería la campaña más costosa de publicidad de un videojuego.

El juego fue un fracaso de ventas. Aunque era épocas muy limitadas para la programación, el juego era injugable. Se vendieron casi 1,5 millones de unidades Para el segundo trimestre de 1983, la casa matriz de Atari anunció pérdidas de US$310 millones.

Durante muchos años hubo una leyenda urbana que aseguraba que Atari, recuperado de ese fracaso, mandó a enterrar los cartuchos que no fueron vendidos. En 2014 fueron hallados en Nuevo México.
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